2.15.2017

ANDRÉ CRUCHAGA

VOZ REFLEXIVA E INCANSABLE

Extraño la luz de este camino que dan los nombres,
como rotas páginas perdidas con los años”…
Francisco Domingo Calles 

Cuando en 1990 tuve en mis manos una muestra de los versos escritos por el poeta André Cruchaga, los degusté durante largas jornadas. Lejos estaba de imaginar que un día estrecharía la mano de este hombre oriundo de Nueva Concepción (Chalatenango, 1957), para sellar una amistad que iría en alza.
De aquellos escritos a la fecha he acumulado cuanto poema de este autor, los cuales han aparecido en revistas y periódicos que cedían espacio en aquel entonces “por caridad a la cultura”, acción que se ha perdido porque al propietario de los medios de comunicación no les deja dividendos económico.
Sin embargo, aún hay un medio impreso que cree en los artistas y contra viento y marea ha mantenido una revista cultural que data desde aquellos Sábados Culturales (1980), pasando por el Suplemento Cultural 3000, inaugurado el 24 de marzo de 1990, idea gestada en sus creadores Gabriel Otero y César Ramírez (Caralva).
En dicho Suplemento han publicados sus trabajos tanto noveles como avezados escritores, algunos de ellos han puesto muy en alto el nombre de El Salvador. La acumulación de sus escritos ha sido por cuestiones de estilo y de búsqueda de un lenguaje no prosaico, tal como escribiera Juan Larrea, defensor de la teoría Creacionista con su estética defendida por Vicente Huidobro:
“El siglo veintiuno verá nacer el reinado de la poesía en el verdadero sentido de la palabra, es decir, en el de creación como la llamaron los griegos”, (1) lo cual buscaba –busca, según mi criterio poético-, romper con esquemas arcaicos para proponer nuevas formas de escritura, sin que la metáfora se sienta agraviada o  forzada a ser nomás un verso decorativo.
No niego que en esas noches, con o sin plenilunio, traté de hilvanar cada metáfora, apuntes que me sorprendieron de entrada, pues me gustaron y aquí estoy poniéndome a cuenta para no dejar “burra” en mis comentarios, certeros o no, pero en fin son los criterios de un autodidacta metido a escritor.
Y por aquello de que me enjuicien antes del génesis, permítanme cubrirme con el manto piadoso de la escritura, que es benevolente con quien osa tocar su puerta, pero implacable con aquellos que toman “pose” para las cámaras sin haber hallado el acertijo en Peloponeso.
En los corrillos literarios se maneja la tesis de que la escritura es un lenguaje endurecido que vive sobre sí mismo, por ello no nos sorprende el estilo y la búsqueda de un don que le es dado a André Cruchaga, y que éste acoge para sí; de ahí que haya demostrado a lo largo de varias décadas dedicadas a manchar papel, el por qué recibe los frutos de su perseverancia.
Teresa Moncayo, estudiosa de literatura y catedrática de la Universidad de Cádiz, Barcelona, España, al referirse al trabajo de este poeta, acota: “La poesía de André Cruchaga requiere (de) distintas lecturas y tantas versiones… Creo que su poesía está basada en la claridad del pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de “descifrar”... No es una poesía lineal simple y basada únicamente en la forma, desde luego que no, porque dice mucho en poco, y traspasa más por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno “provocar” la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está”. (2)
El arte poético requiere de sacrificio, dedicación, disciplina… y el poeta que comentamos lo sabe, por eso trabaja como el orfebre, de ahí que las metáforas en su pluma tomen vida impregnándolas de celajes e imágenes que, al ser descodificadas, se imantan de una escritura que sirve de trampolín para subir al podio, convirtiéndose en una lectura grata y apetecible.
Para respaldar mi comentario traeré a colación las palabras del argentino Juan Larrea, quien asegura que “lo único que debe de interesar al poeta es el acto de creación”. (3)
Larrea agrega que “el poema creado es en el que cada parte sustitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquier otra realidad que no sea la propia, porque toma su puesto en el mundo como un fenómeno singular, aparte y distinto de los demás fenómenos. Dicho poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta”. (4) 
Para llegar a esta escala, André Cruchaga, autor del libro Pie en tierra, ha demostrado que nada ha sido fácil, dedicando largas horas a la búsqueda de un lenguaje genuino, creer en sí mismo y darse cuenta de que haber tomado este “largo camino” en un país donde poco o nada se hace por los escritores, es confesarse así mismo que se tiene alma de aedo.
No dudo que quien nunca ha experimentado la fobia de enfrentarse a la página en blanco y en completa soledad, ignora que se establece una comunicación íntima entre el hacedor y la literatura, que al final del túnel el escritor hablará por sus obras a través de su recorrido.
Veamos lo que escribe Roland Barthes en el libro El grado cero de la escritura en torno a la teoría de la comunicación íntima entre el hombre y la página en blanco: “Es la parte privada del ritual (comunicarse íntimamente con la escritura). Se eleva a partir de las profundidades míticas del escritor y se despliega fuera de su responsabilidad… Funciona al modo de una necesidad, como si en esa suerte de empuje floral el estilo sólo fuera el término de una metamorfosis ciega y obstinada, salida de un infralenguaje”. (5)
Y André no se queda atrás. El siguiente fragmento testimonia lo citado: “Hay una lluvia que grita como el pan en la hoja en blanco, existen estertores fermentados en la palma de la mano”.
Por eso es que el paso por la literatura de escritores de la talla de Paul Berlaine, Stéfhane Mallarmé, Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Walt Whitman, Erza Poud, Eliot, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Carlos William Carlos, Jorge Arturo, Jorge Boccanera, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Tomás Eloy Blanco, Vicente Huidobro, Octavio Paz, Gabriela Mistral…
Y si nos ponemos más patriotas Alfredo Espino, Claudia Lars, Raúl Contreras, Roberto Armijo, Oswaldo Escobar Velado, Pedro Geoffroy Rivas, Roque Dalton… han trascendido por haber encontrado en la palabra un estilo, pero también reconocemos que antes tuvieron que quemar velas en la búsqueda de una poética que dejara huella en las alas del tiempo.
No nos sorprenderá pues, que cuando se da a conocer –en el mundillo literario de esta aldea– un nuevo libro de André Cruchaga, venga impreso en dos idiomas (depende del país que se atrevió y confió en el poeta traduciendo sus escritos), porque hallaremos una voz más iluminada dada su trayectoria.
Así llegaron a mis manos Alegoría de la palabra (1992); Visión de la muerte (1994); Enigma del tiempo (1996); Roja vigilia (1997); Pie en tierra (1997); Rumor de pájaros (2002); Oscuridad sin fecha (Edición bilingüe castellano-cuskera, 2006); Caminos cerrados (2009); Viajar de la ceniza (Edición bilingüe castellano—francés, 2010); Cuaderno de Ceniza (Edic. castellano-rumano, 2013), Balcón del vértigo (2014); entre otros que iremos comentando.
Alzo la mirada, leo los versos de André Cruchaga, deambulo por las diferentes arterias de una ciudad asfixiante y virulenta. De pronto caigo en la cuenta que los escritos de este poeta chalateco no se aíslan del marasmo citadino, sino al contrario, la convivencia con su mismo pueblo coadyuva a darle sazón al manjar que entrega, aunque tengamos que hilvanar cada imagen como para ir redescubriendo sus escritos.
La palabra poética es un arte sin retorno que propone una sombra espesa de los reflejos de toda clase vinculados entre sí. Acertijos acompañados de lo existencial. Ya lo ha dicho mi estimado amigo André Cruchaga, “los palmares no vienen solos”. Yo le agregaría que se necesita ser terco como nuestros abuelos, extasiarse con Trilce, visitar mil veces Macondo, ir a Comala, pedirle permiso a Huidobro por usurpar sus nichos, romperse el cuello y las pestañas.
“Se camina, sin duda alguna escribiendo. Así, se mitigan o derriban muros físicos o mentales. La única consagración la da el oficio. La escritura no sale sola.”, leí alguna vez en el muro de Cruchaga.
¡Vaya que no se equivoca!, pues si ponemos en el caleidoscopio las horas de vuelo que se necesitan para vestir a las ninfas del archipiélago, se cuantificará la aventura sólo por las grandes jornadas ajustadas bajo el sentadero.
Me detendré un momento para echarle un ojo a los textos recién publicado de André Cruchaga, con lo cual se reafirma la tesis de que él está dado a quedarse –con sus escritos- en la retina de sus lectores, quemando velas que a la postre dará fe de mi apreciación sobre el mismo.

Una visita a la poesía
En Lejanía-Away, traducido al inglés por la literata y traductora mexicana Crace B. Castro Haro, quien es licenciada en lengua y literatura inglesa, cuya especialidad es la traducción de textos literarios, el poeta escribe versos –no todos– impregnado de erotismo, sutil, sin caer en la pornografía. Al menos esa apreciación me dio la primera lectura.
“Desciende hasta la sombra viril del azogue/ amotina tus senos en las redes de mis ojos, salpícame de trenes y litorales. / Enrédame en tus poros de matorral ardiente, en tus ijares de íntimos pétalos. / Después deshabítame de tantos espejos: quédate en mi sombra”, plasma André en uno de sus versos.
A través de este espacio felicitamos al pintor salvadoreño David Duque, por haber contribuido con la portada titulada “Sueño azul”, ya que existe una comunicación entre los escritos de André y Cruchaga aquí publicados y la obra pictórica de Duque.
La palabra que se nos presenta en Lejanía-Away es una voz segura del camino trazado por el poeta André, pues en sus escritos encontramos el hurgamiento en los recovecos de la conciencia para cantar todo aquello que sirva de herramienta y convertirla en poesía.
“En los días corrompidos del índigo, el breve pájaro de los agobios en la sala de emergencia… frente a la rosa del torrente desaparecen los deseos fosilizados. –Vos y yo ascendemos al infinito de la desesperación”, nos escribe el poeta como para reflejarnos esa crisis psicológica que vivimos a diario en este país cansado de tanta violencia.
Para nada sorprende que en la poesía de André Cruchaga encontremos imágenes muy bien hilvanadas, pues sólo aquel que es ciego no puede ver que en sus escritos dice mucho y respira, para después exhalar el aire que aún le queda, mancha y escribe, borra y envía al basurero lo que no se depura, porque para nadie es un secreto que este poeta vive la metáfora y el símil, veamos: “Sólo llegando al final, supe cuál era el principio (Ahora, ya desnudo, puedo caminar sobre las aguas). En la flor de la memoria, ya no me asusta la rigidez de los balcones”, escribe André.
Una de las características de los poemas recién publicado por André, además de la profundidad lindando la filosofía, es que está compuesto por versos que no sobrepasan las veinticinco líneas o quizá menos. Aunque aclararé que algunos escritores consideran que si no se escribe un poema-testamento, éste no sirve, en lo personal he incursionado en las distintas formas y me siento bien.
“Entonces yo jugaba con los muertos. Eran los muertos que mis ojos vieron en el vaso del insomnio. Entonces las palabras eran pájaros gigantescos… Yo era parte de los transeúntes frente a ventas frenéticas. Después vino el grito oscuro del reloj”, escribe André como para dar testimonio de una década dura.
Leer a André Cruchaga es sucumbir como Dante a los infiernos y recalar con un ramo de rosas rojas en vez de blancas para la amada, es hacer del símil un manjar para degustar a la luz de la luna, viajar a un mundo que se le ha dado para que le cante a la vida, sin que el lector se sienta “extorsionado” con la metáfora, porque hay que decirlo, muchos dicen ser poetas, pero no llegan ni a tocar a las ninfas, pero los poemas de este vate son un descanso después de la tormenta.
“Me extraño de las puertas y las ventanas, me estremecen las indagaciones, y el ojo en extremo de emoción. (A veces se abren las semanas como un quejido de portón viejo)”, nos escribe el poeta.
A lo largo de los años, los poetas han utilizado la figura del espejo como un tema recurrente en sus escritos, con ello buscan resaltar una imagen, es una simbología de la irrealidad que subyace dentro de una sociedad polarizada, encontrándonos con individuos faltos de sentido común, pues donde reina la intolerancia no dialogan antes de reaccionar de forma bélica y eso, quiérase o no, ahorraría tantas muertes en escasos kilómetros que encierran a este paisito que tanto amamos.
Dicha realidad es cantada a través de la poesía, el cuento, el teatro, la novela… herramientas utilizadas como una coraza en los artistas cansados de tanta violencia. Veamos lo que escribe André Cruchaga al respecto: “Siempre resulta difícil adueñarse de la luz de las ventanas, descifrar los mensajes del arrepentimiento, no permitir que los recuerdos conviertan en sal el calendario”.
Este poeta chalateco conoce el oficio y quien ose desmentirlo, quizá duda de los conceptos poéticos, también sabe que no es fácil sentarse frente al ordenador a plasmar un pensamiento que lo acorrala, ya que la poesía nos lanza las imágenes que debemos escribir al instante, pues si decimos que lo haremos cuando tengamos tiempo, las ideas habrán desaparecido: “Escribir es fácil, sobre todo cuando lo hacemos sobre las falsas promesas, del ojo cerrado del cuerpo”… plasma Cruchaga.
André ha sabido testimoniar -con sus escritos en esta aldea donde subsisten los poetas de “puro milagro”-, es la tarea encomendada a los “juglares”, ya que “El poeta es la plomada de su tiempo”, como lo afirmaba el poeta Ulises Masis.
“De pronto pienso en los abismos del tabú, en los ojos grises de la niebla, en el amor que escurre de un alambique, (ah, las muletillas de las convicciones políticas debajo de las axilas.)/ Disimulo cualquier guisado profético sobre la mesa del horizonte.” Nos escribe.
Por el momento no tomamos un descanso, respiramos, sentimos recorrer en nuestro cerebro las imágenes del libro citado… inhalamos la frescura del aire en un atardecer en la costa del Pacifico, diluimos la fórmula de la siguiente metáfora y continuamos:
“Desnudas arden las palabras en los labios: llueve el solo océano de los trapos, somos las mitades inevitables del sonido, los aleros crecidos en las piernas… Así crece el invierno en la estantería de los párpados”… escribe Cruchaga.
Veamos otros textos del poeta chalateco, publicados en su libro “Lejanía-Away: “Sobrevuelo en el autorretrato del monólogo: Las calles tienen repercusión en el cuerpo, son caballos las sombras anónimas que vagan en la teoría del braceo: de un tiempo acá, hay perdigones de ecos en la ficción”.
Los libros de este escritor sobrepasan las dos docenas y cada verso es un deleite para la retina de quien lo tenga en su biblioteca, así sabrá degustar esta poesía exquisita… sigamos con el análisis de los poemas escritor por André Cruchaga, a ver que sorpresa nos deja en el paladar:
“Cerré ya mi ventana para que no entre el humo de la hojarasca. (Sólo me puedo conformar con el tiempo que todo lo aploma, sospecho que en la conciencia sólo hay escombros y una forma vil de apaciguar la herida”. Escribe el poeta.
André se duele por la realidad que lo circunda y lo plasma: “¿Acaso entra aquí la luz al final de la piel? ¿Acaso hierben los espejos cuando entro o salgo de los recuerdos? –El granizo muerde los taburetes del suelo- la noche donde ladran los perros y enlutan las sombras del cuervo: arrastro mis dientes al vacío”.

Uno más y se va de paso/ Vía libre/Vía lliure
Si el estilo es propiamente un fenómeno germinativo, sus alusiones están distribuidas según la profundidad en que se imbrican, de ahí que la poesía –a través de sus herramientas metafóricas, adjetivaciones o símiles- toma fuerza cuando quien se apasiona con ella sabe descubrir su magia.
Ilustrado por la fotógrafa profesional de origen argentino Graciela Strañak, y traducido al catalán por el experto en filología moderna, catedrático de lengua y literatura española, Pere Besó, con más de una treintena de títulos traducidos, el libro En Vía libre/Vía lliure es otro de los textos dados a conocer por André Cruchaga, quien luego de la tercera llamada, sale a escena, corre el telón acompañando al lector con un verso cargado de erotismo, cuyas líneas despiertan la sensibilidad a flor de piel:
Embebido en la espejismo oscuro de la taberna, el borbollón de olas como la noche terrestre de un burdel”, escribe André.
Con ello no hago más que preparar unas cuantas tazas de café, unas velas aromáticas, la respectiva semita de tres pisos, mi camisa playera, un pants, unas almohadas y ya relajado, a continuar deleitándose con la poesía de este vate, pues como todo poeta que reacciona lleno de esperanza, André le canta a pueblo con evocaciones sutiles: “Soy niño dibujando otro mundo en las redes… nada me sorprende tanto como quien duerme en las aceras”.  
Desde 1990 que tuve conocimiento de la existencia de este poeta chalateco no he perdido su huella, pues sus versos están llenos de vida, aunque en más de una ocasión le he sentido alguna veta lúgubre –pero no siempre-, lo cual es como ver una hoja en medio del bosque de las ilusiones que tiene todo individuo que sueña con ser.
En este otro título se nos presentan versos revestidos de una prosa exquisita, pocas líneas pero plasmadas con mucha intencionalidad, escritas con alambre de alta tensión, veamos:
Cuando la tinta se derrama arrastra todas las cicatrices de la página. Hay una fosa común para el grito, el silabario a punto de convertirse en poema”… escribe el poeta.
André Cruchaga le canta a la vida y a veces encuentro –no siempre-, imágenes desgarradoras pero a la vez llenas de luz, faros de esperanza insertados en la dermis de un ser que sobrevivió a los embates de una tormenta que por poco le arrebata la vida, un poeta que ha visto al rayo expandir las esquirlas dejando mortandad por doquier y, si se corrió mayor suerte, centenares de luceros con muletas, como también ha visto brotar agua en medio de las rocas:
“En la hoja amarilla que se desprenden de las ojeras, los recuerdos impreciso del vaho, las sombras y los barquitos de papel. Caminos desabridos del tiempo en los coágulos de la saliva y la herrumbre… desconozco si las luciérnagas pueden alumbrar todo este bosque y lavar los tantos equívocos de las vestiduras”, nos dice el poeta.
En la poesía moderna –según Barthes- las palabras producen una suerte de continuo formal del que emana poco a poco una densidad intelectual o sentimental… La poesía moderna se opone al arte clásico por una diferencia que capta toda la estructura del lenguaje y que no deja entre esas dos poesías (la clásica y la el verso libre) otro punto común que el de una misma intención psicológica”.
Sin embargo no se debe perder de vista que las dos formas tienen su propia musicalidad y ritmo interior que las diferencia de una a la otra, pues quien lo descubre encuentra un oasis en su retina.
“Tanto bullicio para después quedarme solo en las aceras. Tanta muerte innecesaria. (He pensado en escribir mi próximo poema sin palabras), esta página envejece de aguas, ya el silencio carece de resortes y colchones, tiemblan los barquitos de papel”… reseña André para dibujar esa realidad que no nos atrevemos a ver.
Confieso que al leer a André Cruchaga caigo en el imaginario de los escritos hechos por Sir Arthur Conan Doyle descendiendo a los puentes donde se encuentran a algunos seres como piltrafas humanas tras fumarse la vida con una pipa.
“Después del desván vacío del fuego, los ecos derretidos de la sed. (El mutismo de la noche con todas sus ausencias), -la leña del ciprés se desvanece en presagios:/ a cada funeraria le incorporo los Lázaros, a cada espesura mi sigilo, la edad íntima del laúd,/ y la cobija de la neblinas que a menudo se torna circular en mis andrajos”…   
Cierro por el momento este escrito, pues aunque hubiese querido seguir escudriñando las metáforas llenas de vida de André Cruchaga, me queda el entusiasmo y vivo cada verso como el siguiente:
“No hay lavanderías para la ropa sucia del poema, ni quirófano para las asonancias. Tampoco farmacias que curen las cicatrices de la felonía”…
Cruchaga con una voz adolorida como buscando un rescoldo donde adormecerse por tanta injusticia. Estos son los escritos del maestro, imágenes literarias impregnadas de símiles que han llegado para quedarse en la retina de sus lectores y de quien auguro, seguirá aportando esos versos que ponen muy en alto a este país que tanto amamos.  

Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista
Ciudad de Los quemados, agosto de 2016.

1) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, de Diario Colatino.
2) Moncayo, Teresa, catedrática de la Universidad de Cádiz, Barcelona, España: estudiosa del lenguaje, escribió el artículo “Una mirada a la poesía de André Cruchaga”, aparecido en el Suplemento Cultural 3000, el sábado 23 de julio de 2016, de Diario Colatino.
3) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, de Diario Colatino.
4) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, de Diario Colatino.
5) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, de Diario Colatino.
6) Barthes, Roland: El grado cero de la escritura, Edit. Siglo XXI, 5ª. Edición.


Los poetas André Cruchaga y Luis Antonio Cha¿ávez
 

3.18.2016

Desde la vivencia personal

Ninguno de los personajes de este libro es imaginario;
todos ellos han sido armados con fragmentos de gente real
los fragmentos, sin embargo, son demasiados pequeños
para que sea posible reconocer por ellos a sus dueños
John Kenneth Galbranith


Auscultar un texto para descubrir algunas de las razones que indujeron o influenciaron al escritor a plasmar un tema, tomando como base la ficción o lo grotesco, sometiendo a Eros en sus diferentes aristas, cuyo resultado sea la acechanza de Thanatos, nunca ha sido fácil.
No se puede objetar que las influencias literarias –benignas o malignas, vaya usted a saber- a veces provocan deslizarse a algún escritor aproximándolo al plagio, pero ello se descubre tarde o temprano se necesita haber caminado largo trecho en la literatura para evitar hacerlo, aunque algunos se quieren pasar de listos, y con ello salir al paso de los pro y los contra de la crítica mal sana que al final envía a la picota al novel escritor o lo rescata de caer en el averno como Beatriz a Dante.
Con cinco novelas: El Feudo, La Cofradía del anillo, El violín de Justo Armas, El último Camarada y Desde el centro de la penumbra, Sergio Alfredo Flores Acevedo despunta como una de las voces más significativas de la última década y una de las plumas más prolíficas en la cultura literaria salvadoreña.
Destacaré que las novelas escritas por Sergio Alfredo Flores Acevedo –cada una en su contexto- brillan con luz propia en una aldea plagada de pseudo escritores roba flash cuya arteria se llena de ínfulas, pero no han pasado los linderos de un escrito que gusta y regusta.
Intentaré acercarme a los escritos de este joven abogado que se perfila como una promesa en la novelística policiaca del país, pues como el orfebre trabaja sus escritos y quien lo lea no parará de hacerlo hasta culminar alguna de ellas.
La Cofradía del anillo recrea las acciones de mentes enfermizas de los otrora escuadrones de la muerte, cuya técnica de tortura está plagada de bestialidad al liquidar a los comunistas, siguiendo directrices de un mayor del Ejército acusado de ser el hechor intelectual del asesinato de Monseñor Romero, además de haber fundado un partido político, convirtiéndose este texto en un homenaje al pastor de los sin voz.
El Feudo (Galardonada con el Concurso Literario Ingenio 2011 auspiciado por el Centro Nacional de Registro), nos envía en sus 168 páginas a revivir la historia reciente, nos habla de la lucha de clases, las oprimidas y reprimidas por los poderosos, quienes ven a El Salvador como una extensión de su finca de la que pueden hacer lo que les dé su regalada gana.
También nos traslada a los diferentes escenarios de la guerra cuyo legado fue más de 80 mil muertos y 8 mil desaparecidos, habla de la S2 de la Policía de Hacienda, la bomba puesta en el local de FENASTRAS (31/10/89) convirtiéndose esta novela, sin decirlo, en un homenaje a Febe Elizabeth Velásquez, a Clara Elizabeth Ramírez además reseña la acumulación de riqueza de algunos sin importarles pasar encima de otros, del comportamiento despiadado del Grupo que no se lo piensa mucho para quitar cualquier piedra del camino.
Por su parte El último camarada –igual que las otras novelas- contiene pigmentos políticos y a través de sus líneas nos ubica desde la década de los 30 a la fecha, y como narrador omnisciente a Luis Díaz, quien conoce en persona a Feliciano Ama, a Agustín El Negro Farabundo Martí, a Miguel Mármol, recreando los atropellos y torturas sufridas en la cárcel.
Flores Acevedo usa la técnica epistolar, ubicándonos en la masacre del 32 y la ofensiva del 89 hasta culminar con la firma de los Acuerdos de Paz.
Sin perder el suspenso que caracteriza a la novela policiaca, Sergio Alfredo Flores Acevedo nos lleva de la mano con El violín de Justo Armas, título subjetivo, pues sus páginas son una apología a la guerra y al despotismo del gobierno de turno con sus eternos aliados, la oligarquía y los militares, bajo el auspicio de los Estados Unidos.
Esta novela abarca senderos oscuros cuyos protagonistas son los otrora miembros del Batallón Atlacatl, acusados de ser los autores de la masacre de El Mozote; también están las temibles pandillas que pelean por un barrio que no les pertenece y enlutan hogares humildes de obreros, vendedoras del mercado pero que no se atreven a hacerlo con los residentes de las colonias arriba del Salvador del Mundo.
Cierra su ciclo –momentáneamente- con Desde El centro de la penumbra, cuyas líneas nos llevan a conocer cómo viven los sectores invisibilizados por la sociedad.
Me detendré un poco para aclarar que cuando Sergio Alfredo Flores Acevedo me entregó esta novela hubo un momento de indecisión por seguir leyéndola, pues la consideré decadente y falta de ficción, además de sentirla homofóbica; sin embargo me atrapó y aquí están estas líneas.

La más reciente producción
Desde el Centro de la penumbra inicia con el asesinato de un homosexual, la persecución de Carlos Noyola (homofóbico e hijo de una comerciante de Bienes y Raíces radicada en Estados Unidos) por parte del Agente Héctor Landaverde de la Sección de Investigaciones de la PNC, la acuciosidad de David El Gárgola, parte de los indigentes y la lucha diaria por sobrevivir en una jungla de asfalto donde impera la ley del más fuerte.
Encontramos a cuatro cipotes callejeros durmiendo en una casa abandonada estos vichos de la calle son vivos y por lo general no queman a nadiepudieron haber visto algo, pero de seguro no querrán decir nada. En la escena del crimen se encontraba personal de Inspecciones Oculares de la PNC esta muerta no es mujer, dijo el investigador.
La vida pende de un hilo en Desde el centro de la penumbra, ya que por mucho que se rehúya a esa realidad vista desde los ojos de los "poderosos" residentes en zonas de alcurnia, aparece Beatriz salvando a Dante en los infiernos para reflejarnos como un video -sin tapujos- esa cotidianidad pegada al muro que no deseamos ver.
A los seis años fue expulsado del lupanar, se convirtió (en uno más) de los niños que deambulan como fantasmas por las transitadas calles de la capital. En varias ocasiones aquel niño aprendió a defenderse por sí solo, aunque por su vulnerabilidad fue violado por un adolecente.
Cada pincelazo de esta novela es un aguijón prendido a nuestra retina, un grito de los de abajo para decirnos aquí estamos, no nos ignoren: Ante los demás no escondía su repugnancia hacia los homosexuales, aunque en su intimidad fantaseaba aventuras sexuales con parejas de su mismo sexo.
Los "Hacelotodo" tienen un espacio muy de ellos, pues son los personajes centrales de una trama que muestra un corazón más grande que el polo terráqueo, ello nos permite evocar la parábola de la frase aquella de que da el que desea hacerlo y no el que tiene más.
Dio una mordida al pan y tres tragos a la gaseosa. Llamó a Tintín para que se tomara el resto. Afuera, David El Gárgola repartió los dos pedazos de pan a La Tina y Patecuma –quien ya había realizado un pequeño hurto de cuatro panes franceses a una vendedora descuidada-. La manada había dormido en una cueva a orillas del (río) Acelhuate Lentamente iniciaron su travesía por las intrincadas calles y Avenidas.
En la novela que comentamos sobresale la doble moral de los políticos que se rasgan las vestiduras frente a las cámaras de televisión manifestando que apoyan cualquier moción cuyo fin sea proteger a la niñez de los malos tratos, pero al salir del local de las televisoras muestran su fobia hacia los descalzos.
Al salir de la entrevista, ambas (legisladoras) se conducían –por separado- en elegantes camionetas de lujo, con guardaespaldas y chofer. Una de las dos mujeres se dirigió hacia una farmacia Mientras corría en abierta carrera (David El Gárgola) el muchacho la empujó, la mujer pegó un grito Cuanto malandrín anda ahora por la calle ese delincuente robarme quería pero que nerviosa me ha dejado ese cabrón
No existen palabras para describir lo duro que se nos dibuja la vida de los indigentes en las principales ciudades del país y la lucha diaria por evitar ser atropellados por ciudadanos cuerdos que los ven como animales:
Temprano, los pequeños nómadas habían comido holgadamente las sobras que Patecuma y David El Gárgola habían hurtado de un reconocido restaurante de pollo frito. La misión de esa madrugada fue burlar a los trabajadores que todas las mañanas sacaban hasta diez bolsas de sobrantes de comida”…
Para quienes alguna vez hemos cruzado palabras con los invisibilizados de la sociedad, sabemos que manejan un lenguaje y modus vivendi muy de ellos, ya que para poder sobrevivir deben aprender a ser cautelosos:
Señor, nosotros no tenemos nada que decirle, usted cree que si hubiéramos visto algo, nos hubiéramos quedado cerca del muerto, sólo un pendejo haría eso, y nosotros nos hubiéramos dado a la fuga, o acaso no conoce la ley de la calle.
Flores Acevedo nos presenta escenas crudas –para algunas familias de abolengo inexistentes-, frases subidas de tono usadas en el bajo mundo de los comelotodo, quienes son vistos como piltrafas sin oportunidades y sueños truncados en un laberinto lleno de tranzas, pero donde también existen seres que reparten el agua que beberán para mitigar el hambre entre los suyos.
David El Gárgola cruzó la esquina de la calle Celis quería llegar hasta uno de los prostíbulos llamado El dólar de oro. Empujó la puerta de metal, afuera lo esperaron Patecuma y La Tina, mientras Tintín se sentó a la entrada del burdel. El hombre vestía un pantalón ajustado, una camiseta blanca y (en la cintura) un viejo delantal. Llevaba una escoba con la que comenzó a barrer en el prostíbulo era conocido como La Lita”…
Esta es la realidad en el diario vivir de los hijos de la calleque ha sido mostrada en diferentes épocas y culturas distantes, entre ellos recuerdo a Lazarillo de Tormes, a Olivert Twist, Huele Pega (llevada a la pantalla grande).
La novela de Sergio Alfredo Flores Acevedo, sin caer en el amarillismo, pone el dedo en la llaga de los políticos para que busquen las herramientas necesarias y abran locales como la ex escuela Rafael Campos Ciudad de Los Niños (hablo de la administrada por Esteban Teacher Ibarra, Ángel Gabriel Valdez, los padres salesianos de la década de los 50-80) para rescatar a tanto indigente que deambula por la ciudad sin abrigo ni alimentos, y hacerlos hombres de bien en el futuro con oficio y estudio.
Cierro mi prólogo con una parte de la narrativa que Sergio Alfredo Flores Acevedo ofrece a la población salvadoreña, leámoslo y disfrutemos cada línea con un buen tazón de café, en tanto yo me deleito viendo la película Ciudad de Dios, la cual presenta otra realidad de las favelas brasileñas
    
Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista

Enero de 2016




11.24.2015

Poetas combatientes

Versos con sabor a lluvia de Arquímides Cruz

Luis Antonio Chávez

Escritor y periodista

Hace meses recibí del poeta Otoniel Guevara, director de la editorial La Chifurnia, varios libros escritos por diversos autores salvadoreños y foráneos; entre los títulos me llamó la atención Izaremos la bandera de la lluvia, del poeta combatiente ya fallecido y ex miembro del Taller Literario Xibalbá: Arquímides Cruz.
Rescataré que si hubiese escrito unas líneas partiendo de lo subjetivo al leer el libro comentado, a estas alturas estaría reconciliándome con la metáfora sin cuantificar la simbiosis de un sentimiento cuya siembra se fraguó en medio de la tormenta con la misma nostalgia con que se añora la tierra húmeda de un pueblo llamado San Sebastián.
En todo escritor existen influencias y en Arquímides Cruz no es la excepción, marcando con fuerza la poesía de Roque Dalton, los textos de Lil Milagro Ramírez y la Biblia, entre otros, quienes influyeron fuertemente en el abordaje de los temas poéticos.
No nos queda ninguna duda que Arquímides Cruz era un marxista salvadoreño, pues entendía la poesía como revelación del espíritu de la lucha, fuera ésta para derrocar a una dictadura o para conquistar un corazón. Vemos una muestra de su canto:
“Por vos, mi pequeño, / de apenas cuatro lunas recorridas/ abriremos todas las puertas,/  arrastraremos la alegría/ por toda la ciudad y sus alrededores,/ sembraremos/ con relámpagos y estrellas/ los caminos quietos del alba”. (Por vos, mi pequeño)
Cruz, antes de fusionarse con la aurora, dejó tres poemarios terminados, además de muchos poemas escritos en cuadernos y hojas sueltas, entre ellos Este tiempo… infierno propicio de la vida que se mueve como peste amorosa.
Su canto también fue galardonado, recibiendo mención de honor el certamen Alfonso Quijada Urías en 1988. Antes de partir al frente de guerra terminó el libro Amando en tiempo de guerra, que dedicó a los poetas de Xibalbá y a compañeras y compañeros de lucha. Lamentablemente mucho de ese material se ha extraviado.
Por muchos años sus compañeros de Xibalbá indagaron por sus restos y exigieron aclarar su asesinato en una campaña que se publicó durante 5 años en la portada del Suplemento Cultural Tres Mil del Diario Co Latino. Hasta hoy no se tiene un informe oficial del destino de sus restos.
Tanto Arquímides Cruz como Claudia María Jovel fueron asesinados por sus mismos compañeros de lucha en el Frente Gerardo Barrios, en La Libertad, acusados de traición, en un juicio amañado y perverso, como una réplica de lo que le sucedió al poeta Roque Dalton.
La militancia política de Arquímides Cruz inicia en las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) brazo armado del Partido Comunista Salvadoreño, para después formar parte de la Resistencia Nacional (RN); ambas organizaciones del FMLN, uniéndose a las escuadras guerrilleras con la pasión que le caracterizaba.
En su trayectoria literaria formó parte del Taller Literario Xibalbá, asimismo fundó el Taller Literario Tagualashte en su pueblo natal, San Sebastián, además publicó Su estrella Elegida (Ediciones Amada Libertad, 1996); Piedras en el huracán (Dirección de Publicaciones e Impresos, DPI, Concultura, 1993); Yaxché, antología mínima del Taller Literario Xibalbá (Cabuda Cartonera, 2009), y Amando en tiempo de guerra (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2011)
En la plaquete de Arquímides Cruz se entrelazan el asombro, la ternura, la solidaridad expresadas en verso, sus líneas llenan el ambiente de un aura poética cuya semblanza atrapa al lector con sólo abrir la primera de las páginas, hablo del verso iconoclasta, chingón, solidario, con sabor a tapisca, canto con el que se espera pacientemente la cosecha abundante para alimentar a todo un pueblo de paz y equidad.
Y es que Arquímides Cruz es el heredero de la palabra y de la música (acompañaba con su guitarra cualquier actividad donde se requiriera de su presencia), pues forma parte de una pléyade de poetas que asumieron un rol protagónico con la historia e hicieron suya la consigna empuñando el verbo en sus manos para vilipendiar a la injusticia a fin de ver salir el sol más allá de la montaña.
Sin embargo, acotaré que durante el eclipse no sólo Arquímides Cruz ofrendó su vida por una patria mejor, ya que Roque Dalton, Lil Milagro Ramírez, Claudia María Jovel, Amílcar Colocho, Rigoberto Góngora, Chema Cuéllar, Mauricio Vallejo, Alfonso Hernández “Gonzalo”, Amada Libertad, entre otros abonaron con su sangre para derrocar a la tiranía militar.
Los motivos para escribir poesía sobran y los deseos de que la guerra termine, como estos versos dedicado a su compañera de lucha y paisana Claudia María Jovel… “Tus ojos te salvan compañera/ con ellos subo por las madrugadas/ al tren de la historia/ que agita alegremente/ su fumarola roja/ con la certeza que el sol/ que apenas asoma/ pueda entrar jubiloso y libre/ por las ventanas de todos/ de tal manera que jamás/ volvamos a sentir frío”, son una muestra de su tenacidad y entrega.
Del poeta bataneco rescatamos que él sabía que vivía al filo de la navaja, por lo cual encontramos versos escritos con fuego, ello muestra la urgencia de proyectar un sentimiento impregnado de incertidumbre, ya que desde nuestra óptica es la voz que se da de cara al futuro ahí donde se bifurcan los caminos de la vida y la esperanza, pues cada línea lleva en sus enaguas esquirlas de luz bañadas en riachuelos de sueños.
Arquímides Cruz nos regala un libro escrito con hilos de crepúsculo, versos que poseen una magia exquisita, enraizada en el amor hacia un pueblo por el que ama y sufre, pero no lo calla sino que lo canta y rinde honores con la devoción de un acólito.