5.26.2010

Literatura salvadoreña: Voces alimentadas por un sueño



Luis Antonio Chávez *

Hablar sobre la cultura poética salvadoreña, es remontarse a la época precolombina, cuando nuestros antepasados escribían versos románticos para enamorar a las indígenas o rendir honores a sus dioses, canto con el que buscaban enaltecer la belleza, pues a través del símil comparaban su amor con el cielo, el lago, el surgimiento de una flor o la cosecha abundante.
Aquellas eran voces llenas de pureza, creadas sin el academicismo desmedido, pero alimentadas por la fuerza poética sin igual, de tal forma que dejaban sentir sus odas a la vida o líneas épicas que celebraban al guerrero.
“Gozad, poderosos reyes/ esa majestad tan alta/ que os ha dado el rey del cielo; / con gusto y placer gozadla; / que en esta presente vida/ de esta máquina mundana, / no habéis de imperar dos veces; gozad porque el bien se acaba”, escribía Netzahualcoyolt. (1)
Con los años nos encontramos con escritores como José Batres Montufar (1809-), quien escribió: “Yo pienso en ti/ tú vives en mi mente/ sola, fija, sin tregua/ a toda hora/ aunque tal vez el rostro indiferente/ no deje reflejar sobre mi frente/ la llama que en silencio me devora”.
Miguel Álvarez Castro (San Miguel 1795-1856, (2), ubicado entre lo romántico y neoclásico); Carlos Bustamante (S.S. 1891-1952, escribió Amerispalia, poesía 1952); Francisco Díaz (S.S. 1812- Honduras 1845, publicó en poesía Epístola (1842) La tragedia de Morazán, entre otros), (3) Cristóbal Humberto Ibarra (Zacatecoluca 1920, perteneció al Grupo SEIS y publicó Gritos y Elegía de Junio, además de prosa); Vicente Acosta (Apopa 1867- Honduras, 1908); Vicente Rosales y Rosales (Jucuapa, San Miguel, 1894-1980); Francisco Gavidia, (San Miguel 1863-1955), a quien se le ve como el padre de la literatura salvadoreña, pues además de incursionar en los diferentes géneros, desde la poesía, el ensayo, el teatro… fue gran amigo del vate nicaragüense Rubén Darío…
Los tiempos siguen y la poesía también nos da alegría, nace nuestra poetisa Claudia Lars, seudónimo de Carmen Brannon (Armenia, Sonsonete, 1899- San Salvador, 1974), “considerada como una de las más altas voces poéticas salvadoreñas y como la que alcanza la mayor perfección dentro de la poesía lírica nacional.” (4)
Tampoco dejaremos de mencionar al poeta de Cuscatlán, Alfredo Espino (Ahuachapán 1900-1928, escribió un solo libro Jícaras tristes); Manuel Andino (1892-1958); Hugo Lindo (La Unión 1917- SS.1985); Juan Coto (1900-1938); Antonio Gamero (San José Villanueva, 1917-1974, perteneció al Grupo SEIS, publicó TNT (1943), Bajo el temblor de Dios (1950), autor de los poemas iconoclastas La Saliva y TNT); Pedro Geoffroy Rivas (Santa Ana 1908-1979, autor del libro Los nietos del jaguar, entre otros textos no menos importantes); Oswaldo Escobar Velado (Izalco, 1911-1961, quien escribiera su famoso poema Patriaexacta, Cantaré Cantarás y Regalo para un niño)… voces que apuntalan su pluma y con su visión de mundo le cantan al amor, a la desesperanza o a la injusticia.
Además aparecen escritores de la talla de Raúl Contreras (Cuscatlán 1896-1973, quien levantara polvo en el tinglado literario salvadoreño al escribir su libro Niebla, con el seudónimo de Lydia Nogales); Serafín Quiteño (Santa Ana 1906-1987), de este poeta, el escritor David Escobar Galindo, reseña: “en versos de sencilla musicalidad, hace vivir las estampas del sentimiento provinciano, en la más emotiva acepción del término.” (5)
Pero como el hombre es un ser social por naturaleza, aparecen grupos literarios, como el Grupo SEIS, con escritores de la talla de la poetisa Matilde Elena López (1922, ha publicado Cartas a Grosa, Los sollozos oscuros, entre otros); con Hugo Lindo (La Unión 1917-SS. 1985), y en la década del 50 surge el Círculo Literario Universitario, al que pertenece Roque Dalton (1935-1975, quien escribiera la novela autobiográfica Pobrecito poeta que era yo, además de los poemarios La ventana en el rostro, Un libro rojo para Lenin, Poemas clandestinos, Un libro levemente odioso, Los hongos, Taberna y otros lugares, entre otros), Otto René Castillo, publicó junto a Roque Dalton el libro Dos puños sobre la tierra, Castillo murió calcinado en las cárceles de Guatemala, de donde era originario…
Fue el escritor Ítalo López Vallecillos (S.S.1932-1987 historiador, dramaturgo, periodista), quien al regresar de México encuentra a varios jóvenes inquietos por la literatura, entre ellos Waldo Chávez Velasco (SS, 1932-2003, publicó Quien secuestró a Scot (Novela), Sonata de la violencia (Novela), Bomba de Hidrógeno (Poesía); Irma Lanzas (Cojutepeque 1933), Eugenio Martínez Orantes (1932-2005, publicó en poesía Bomba de hidrógeno, Llamas de insomnio, (1952); Ballet (1956); El arcángel de la luz (México 1958); Fragua de amor (1959); Bajo este cielo de Cobalto (cuento, 1964); Mar sobre mi mundo (poesía, 1978); Tunil (cuento, 1992); y la antología poética 32 escritores salvadoreños (1993), este poeta, a juicio de Luis Antonio Chávez, “presenta en su poesía una carga emotiva sin igual, pues lee a los clásicos con avidez e imanta sus versos de un lirismo sin igual, cargando sus versos de una sensualidad sin caer en el erotismo vulgar, pero sí impregnándole un sello que gusta y que apasiona”); Manlio Argueta (San Miguel 1935, se inició como poeta, pero después observó que podía decir más en la novela e incursiona en ese rumbo, obteniendo premio con su primer libro titulado El valle de las hamacas, después le siguen Un día en la vida, Caperucita en la zona rosa, El milagro de la paz, El siglo del O(g)ro, entre otros ), Tirso Canales (1933, seudónimo de José Antonio Canales, ha escrito muchos libros, entre ellos aparece en la antología De aquí en adelante), José Roberto Cea (Izalco 1939, su libro Todo el códice mereció un premio centroamericano de poesía, además ha incursionado en todos los géneros literarios, desde el teatro, la novela y el ensayo), Roberto Armijo (Chalatenango 1937, París 1997, publicó ensayo y poesía, entre ellos La noche ciega al corazón que canta (poesía 1959), Seis elegías y un poema (UES), Francisco Gavidia y la odisea de su genio(ensayo, en colaboración con el escritor y jurisconsulto José Rodríguez Ruiz); Ricardo Bogrand (seudónimo de José Antonio Aparicio, nació en San Pedro Arenales, San Miguel 1930, ha publicado Perfil de la raíz (poesía); Roque Dalton (1935-1975), Orestes Posada (no ha publicado obra, pero sí muchos artículos de opinión, tiene obra inédita e incluso una elegía que escribiera en Alemania a raíz del asesinato de Roque Dalton), Álvaro Menen Desleal (Santa Ana 1931- S.S. 2004); Ítalo es quien bautiza a este grupo como la Generación Comprometida… una pléyade de escritores cuya voz es reconocida, no sólo dentro del país sino fuera de nuestras fronteras...

Más canto
A David Escobar Galindo (Santa Ana 1943, con más de 40 textos publicados, escribió Los jazmines heredados y muchos libros más, también incursiona en el cuento, la novela, la fábula y el teatro); Francisco Andrés Escobar (SS. 1944, tiene entre sus publicaciones Andante cantabile (cuento 1974); Una historia de pájaro y niebla, cuento 1978; Petición y ofrenda, poesía, libro con el que obtuvo primer lugar en los juegos florales de Quezaltenango 1978, entre otros); Elisa Huezo Paredes, Lilian Serpas (Santa Tecla 1905, publicó sus libros de poesía Urna de ensueño (1927), Nácar (1929), Huésped de la eternidad, La flauta de los pétalos, Girofonía de las estrellas, Corazón y esfera, Voces sin tiempo, (1978), Paredes murió en 1985) Alice Lardé de Venturino (Atiquizaya 1876, S.S. 1945), Mercedes Durán (1933, escribió Sonetos elementales, 1958); Corina Bruni, Alberto Guerra Trigueros (1917-1950), Ulises Masís (Antiguo Cuscatlán, La Libertad, 1925-S.S. 1992, publicó en poesía Amo mi soledad y Para cuando nazca el sol, en coautoría con el poeta Daniel Eguizábal); Alejandro Masís (Antiguo Cuscatlán, La Libertad 1947); Ricardo Lindo (S.S. 1947, ha publicado XXX (cuento, 1970), Rara avis en terra (cuento 1983) Jardines (poesía 1980), entre otros; Renán Alcides Orellana (Poeta, escritor y periodista, nació en Villa El Rosario, Morazán, en 1936, ha publicado De casi seres humanos (cuento, 1975) Corazón adentro (poesía, 1999), Allá al pie de la montaña (Novela 2002) y Línea sin fin (poesía 2004); Allá al pie de la montaña (Novela, 2005); Lo que pasa cuando el tiempo pasa (2009), Rolando Elías, Claribel Alegría (1924-), Lil Milagro Ramírez (SS.1945-1979), Maura Echeverría (Sensuntepeque, Cabañas 1935-), Claudia Hérodier (SS. 1950-, ha publicado Volcán de mimbre (poesía, Guatemala 1972), Traición a la palabra (poesía UTEC, 2002, tiene mucha obra inédita); Reyes Gilberto Arévalo (1949-), Mauricio Marquina (Jucuapa, San Miguel 1946-); Luis Galindo (1929), Juan Carlos Rivas, Aída Párraga (SS. 1966-), Federico Hernández Aguilar (S.S.1974, ha publicado Con el permiso de ustedes, El segundo verbo, entre otros); María Cristina Orantes (México, 1955, ha publicado, Llama y espina, El libro de los conjuros) (6); Nora Méndez (SS nació 24 de marzo de 1969, además de poeta ha incursionado en la música. Ha publicado Atravesarte a pie toda la vida (UTEC 2002), La estación de los pájaros (poesía CONCULTURA, 2004, entre otros); Silvia Elena Regalado (SS. 1961, su poesía aparece publicada en varias antologías como Octubre es el culpable (ASTAC 1993), Patria chiquita, Palabras de la siempre mujer, Poesía a mano, Mujeres en la literatura salvadoreña, Ochi di rossa y en la antología francesa Poesía salvadoreña del siglo XX, hecha por la estudiosa y traductora francesa Dra. María Plumier, también ha publicado Pieles de mujer, Desnuda de mí e izquierda que aún palpitas, entre otros), de esta poeta, el escritor Luis Antonio Chávez, escribe: “Sus versos están imantados con una ternura que le nace, su canto al amor está rodeado de todas esas cosas que le rodean, su familia, sus hijos… sin embargo, cuando intenta tocar el aspecto social no hace más que socavar una altura poética ya definida”,); Silvia Ethel Matus (Nejapa 1950, ha publicado En la dimensión del tránsito e Insumisa primavera); René Chacón Linares (Febrero de 1965, ha publicado en poesía La fiera de un ángel y aparece en la antología hecha por la estudiosa de la literatura francesa Dra. María Poumier, titulado Poetas por El Salvador); Carmen Tamacas (1975-), Carmen González Huguet (SS. 1958, ha publicado Mujeres (cuento), Oficio de mujer (poesía), entre otros); Danilo Umaña Sacasa (Sonsonate, 1954, periodista, poeta, cuentista y novelista, ha publicado la novela Los tentáculos del verdugo, además posee mucha obra inédita); Orlando Fresedo (seudónimo de Aníbal Bolaños, nació en Santa Ana en 1932); Mauricio de la selva (Soyapango 1930, publicó Canto a Guatemala y Palabras); Hidelbrando Juárez (Apopa 1939, publicó Poemas para recordar que no somos unigénitos); y Rolando Acosta, estos escritores no pueden dejarse de mencionar.
Continuamos con los grupos literarios y en la década de los 60, tras la Generación Comprometida, aparece De aquí en adelante, (1967) “que intenta ser una ruptura, un borrón y cuenta nueva en la literatura salvadoreña” (7), integrado por José Roberto Cea (1939), Manlio Argueta (1935-); Tirso Canales (1930), Roberto Armijo (Chalatenango, 1937-París, 1997) y Alfonso Quijada Urías (1940) Este último poeta ya perfilaba su voz con la fuerza innata cuando publica su primer libro titulado Los estados sobrenaturales, texto que levantó polvo en su momento entre los escritores ya reconocidos. Actualmente reside en Canadá.
Tras Piedra y Siglo (1966), formado por Jorge Campos (1938), Rafael Mendoza (padre, 1943), Julio Iraheta Santos (Santa Tecla 1940, ha publicado Confidencias para académicos y delincuentes, Todos los días el hombre y Espantapájaros); Luis Melgar Brizuela, José María Cuéllar (Ilobasco 1942-1980, escribió La Cueva); Uriel Valencia (Metapán, Santa Ana 1940-2005), Ricardo Castrorrivas (1938), Ovidio Villafuerte (Sonsonate 1940-2007, obtuvo premios en Guatemala con su libro Ritual de piedra en aventura de Honda, ha publicado Cuzcatlán, en la sangre y la protesta, El elogio de la vida, Del hombre un solo rostro, En el ala de un sueño); aparece Cinco Negritos, integrado por los poetas Salvador Juárez (Apopa, 1946, ha publicado Al otro lado del espejo, Tomo la palabra, Puro Guanaco), Joaquín Meza (1956 ha publicado SALMitos (1983), Poesía colorada (1985) Vicent, tú y las golondrinas, entre otros; La Masacuata, con Alfonso Hernández, Roberto Monterrosa (San Vicente 1945), para mencionar algunos; La Cebolla Púrpura, con David Hernández (S.S. Barrio Concepción, 1955 -, ha publicado En la prehistoria de aquella declaración de amor, Poesía, Edic. Taller de los vagos 1977; Salvamuerte, novela, 1992, obtuvo premio certamen latinoamericano de novela; Putolión, 1996, Berlín años guanacos, premio Alfaguara, 2004, además escribió ensayo Alejandro de Humbols, la otra búsqueda del dorado). Jorge Alberto Morazán (S.S. Santiago Texacuangos, 1943), Rigoberto Góngora (San Vicente, Municipio de Santa Clara 1950-1982); Jaime Suárez Quemain (S:S. abril de 1950-1980, publicó Un disparo colectivo, póstumo, además de Desde la crisis donde el canto llora, con el que ganó premio Cultura en 1970); con Gilberto Santana, (Barrio Candelaria, SS, 1947, ha publicado Calendario clandestino, UES, y las antologías hechas por el escritor Luis Antonio Chávez, De barro somos y Del silencio a la alternativa un solo verbo, también en la antología Poética 1985); Humberto Palma (SS 1947); Francisco Rivera (San José Guayabal, 1957-); Nelson Brizuela (S.S. 1955, Nic. 1990), en este grupo también estuvieron los pintores Augusto Crespín y Antonio Bonilla. Y, el Taller Literario Francisco Díaz, con Rafael Góchez Sosa (Santa Tecla, La Libertad, entre sus obras están Poemas para leer sin música); Heriberto Montano (1950-2007), Manuel Sorto, Daniel Eguizábal (San Miguel 1962, ha publicado Hojarasca 1980; Poemas en blanco y negro (1985) y en 1986 El diablo en Santa Rosa de Lima, en coautoría con el cuentista Danilo Blanco (La Unión ), Para cuando nazca el sol (en Coautoría con el poeta Ulises Masís); Piel de ojos (1996) Hojas de Polvo (1998) autorretrato en tecnicolor (1998) ...
Aquí también vemos voces nuevas como las de Sonia Miriam Kury (1948, y a quien se le ha perdido la huella); José Luis Valle (Chalchuapa, Santa Ana, 1944-, ha publicado 25 poetas jóvenes de El Salvador, novela, teatro…); Miguel Ángel Chinchilla (S.S. 1956, poeta, dramaturgo y narrador, ha publicado cuatro libros de poesía, dos novelas, crónicas y cuento); Miguel Huezo Mixco (1954-), autor de los poemarios Unas boca entrando en el mundo, La margarita emocionante, La canción del verdulero, Pájaro y volcán, entre otros; Mario Noel Rodríguez (Mejicanos 1955-) publica Por aquí pasaba un río (1991), Agítese antes de leerse (Poesía Edit, Lis), Crónica de un actor y el ensayo Nombre de Guerra, sigue en cuento con Carta después de la crucifixión, de este cuento, el escritor Luis Antonio Chávez, dice “El poeta deja entrever que en medio de la guerra había tiempo para el sarcasmo y el humor”; Nelson Brizuela, Róger Lindo, Roberto Quezada. (8)
Dejamos la década del 70 e ingresamos a los 80, con el Taller Literario Xibalbá, comandados por el poeta Otoniel Guevara (Quezaltepeque, La Libertad, 1964, ha publicado Hojarasca, El violento hormiguero, Tanto, Lo que ando, Despiadada ciudad, No apto para turistas, además dirigió el Suplemento Cultural 3000 de Co Latino); Álvaro Darío Lara (SS. 1966, ha publicado Minotauro, Antología de una década…); Arquímedes Cruz (San Sebastián, San Vicente, 1964); Claudia María Jovel, Amílcar Colocho (Ciudad Arce, La Libertad, 1965); Javier Alas (Quezaltepeque, La Libertad, 1964, ha publicado Mar te deberé mi cadáver, Piedras en el huracán y otros dos libros más que escapan a mi memoria); Wilfredo Peña (Aguilares 1964, ha publicado en cuento Sortilegio, en poesía Tragaluz y Yo pecador confieso que te amo); Edgar Alfaro Chaverri (S.S. 1958, publica Noche bruja); Edgar Iván Hernández (Cuscatlán, 1965); Keni Rodríguez (Quezaltepeque 1969); Eva Ortiz (SS 1960), Ernesto Flores, José Antonio Domínguez (SS. 1963), Antonio Casquín (Quezaltepeque 1965), Rafael Herrera, David Morales (Abogado, tiene mucha obra inédita); Pablo Morales, Pedro Hernández, Jorge Vargas Méndez (SS. 1961, tiene publicado Cantos breves para una mujer exacta (Edic. Atisba), entre otros textos); Manuel Barrera (Usulután, 1967, Licenciado en Letras, ha publicado Mitómano suelto); Vladimir Baiza (Sensutepeque, Cabañas, agrónomo, no tiene obra publicada); Carlos Bucio y Luis Alvarenga (SS. 1969, ha publicado Otras guerras y el Libro del sábado, mientras que en ensayo La mágica raíz, donde compila todo el material ensayístico del poeta chalateco Roberto Armijo), entre otros.
Y el mundo de la poesía sigue poblándose. Los grupos citados, además de Patriaexacta integrado por Luis Antonio Chávez (S.S. Barrio Concepción, 1961, estudió Contaduría Pública y Periodismo en la UES, además de obtener premios en juegos florales nacionales, servir como jurado calificador junto a David Escobar Galindo, dirigió con César Ramírez, Caralvá, el suplemento Cultural 3000 de Colatino, ha representado al país en diversas actividades culturales en todo Centroamérica y México, sus publicaciones han aparecido en EE.UU. España, Brasil, Argentina, Francia, Alemania… ha publicado en poesía Amortajando los colores (en Costa Rica, 1991), Un grito a dos voces (1993, en coautoría con la poeta Eva Ortiz), Poesía para un canto nuevo (Octubre es el culpable 1993); Después de la tormenta llega la calma (Edit. Canizález, 1996); Oda a la soledad (Edit. Lis, 2002) Los hijos del trueno, (Edit. Molino de viento, 2003), ha editado las antologías De Barro Somos (CONCULTURA, 1992, en homenaje al poeta Ulises Masis) y la antología del Silencio a la alternativa un solo verbo (CONCULTURA, 1993) Poética universitaria (Antología UES 2001); aparece también en las antologías publicadas por la Alianza Francesa Primavera de los poetas (2005-2006) Primavera entre versos (editada por él a través de CONCULTURA 2006); Poetas por El Salvador (antología hecha por la literata francesa Dra. María Poumier, 2008) entre otros. Su poesía ha sido traducida al francés, italiano, inglés y alemán. Ha escrito cuento y las novelas cortas Secuestro, La cita, y en la actualidad escribe simultáneamente las novelas El duende y De la luz a la oscuridad). Participó en el II Festival de poesía y el evento El Turno del ofendido, realizado por el poeta Otoniel Guevara, además ha dado recitales en infinidad de colegios, radios, universidades e institutos nacionales. A Patriaexacta también pertenecieron Carlos Roberto Paz Manzano (Estudio lenguaje y literatura en la UES, y después viaja a España a sacar su doctorado, nació en San Salvador en 1964, además de haber pertenecido a Xibalbá, ha publicado El giro de la vida, Edit. Mazatli 1997); Mauricio Paz Manzano, Blanca Mirna Benavides, Marcos Alvarenga, Arturo Romero, Víctor Manuel Acevedo, Orestes Figueroa, Eduardo Carranza, Edgar Iván Hernández y muchos más); estos grupos nacen bajo el amparo de la Universidad de El Salvador.
En los 90 también aparecen grupos como Abrapalabra, formado por Javier Alas, Jim Casalbé, Carlos Cañas Dinarte… le sigue Segunda Quincena, integrado por Salvador Juárez, Wilfredo López, Antonio Silva, Julio Iraheta Santos… Grupo Literario Silencio, con Daniel Eguizábal, Jim Cazalbé, Gilberto Santana, Luis Antonio Chávez, Refugio Duarte, Ulises Masís y más.
Paralelo a éste surge Alternativa Literaria Somos de barro, cuyos integrantes son Vidal Garay (San José Guayabal 1958, publica Algunos sueños salvadoreños y tres cuentos); Otto del Valle (seudónimo de Manuel Antonio Mejía, nació en Berlín, Usulután en 1939), Patricia Iraheta, Rodolfo Preza Renderos (Santa Tecla 1957, SS. 2004) y quien esto escribe…
La guerra también permitió que se crearan grupos en los frentes de batalla como Roble, guiados por el poeta Miguel Huezo Mixto, quien publica la antología Pájaro y volcán, donde se compilan versos de algunos combatientes. Aquí también surge otro poeta cuyo seudónimo era Augusto Morel, y a quien le perdimos la huella.
Mientras que en Zacatecoluca se funda el Grupo Literario Simiente, de corta estadía, pero donde surgen voces como Juan Carlos Cárcamo (1972) (9) Milton Doño, Carlos Domínguez, Wilfredo Catedral, Ixbalanqué Barrera (Zacatecoluca 1958); Luis Alfredo Domínguez, Wilfredo Mármol Amaya ((psicólogo, Zacatecoluca, 1959) Antonio Alfredo Herrera, entre otros; El Taller Literario Tareya, de corta trayectoria, integrado por Rolando Elías, André Cruchaga (Chalatenango 1957, ha publicado Alegoría de la palabra (1992); Fantasía del agua (1993) Fuego de la intimidad (1993) entre otros, y Mario Noel Rodríguez.
Nos alejamos un poco de la guerra y tras los Acuerdos de paz nace Talega (Taller de Letras Gavidia), cuyos miembros son Alfonso Fajardo (SS. 20 de marzo 1975, miembro fundador de Talega, estudió Derecho, ha obtenido varios premios y CONCULTURA le ha nombrado Gran Maestre del Saber; ha publicado en 1999, Juego infinito, Novísima antología, Los Fusibles Fluorescentes, con el que obtuvo primer lugar en los Juegos Florales de Quezaltenango, Guatemala); Rainier Alfaro (Santa Tecla 1975, se casó con la poetisa hondureña Armida García, vive en Honduras, no ha publicado); Pedro Valle (Chalatenango, La Palma 1965, miembro fundador de Talega, ha obtenido varios premios y CONCULTURA le ha nombrado Gran Maestre del Saber, tiene publicado Habitante del alba, 1998; Juego Infinito, 1999, Poesía del Siglo XX editado en Francia por la estudiosa de la literatura Dra. María Poumier); Eleazar Rivera (Santo Domingo, San Vicente, 1976, Prof. de Lenguaje y Literatura, ha obtenido varios premios y CONCULTURA le ha nombrado Gran Maestre del Saber, ha publicado Juego Infinito, 1999, 500 años de prosa y verso, en Brasil; Escombros Edit. UES, 2003 y dos libros más que escapan a la memoria); Roberto Betancour (Santa Tecla, 1976, Excelente ensayista, abandona la literatura para dedicarse a la docencia); Alex Canizález (Nació en Chalchuapa, Santa Ana 8 de enero de 1964, Biólogo y poeta, ha obtenido varios premios y publicado Las raíces del canto, CONCULTURA 1995, La Ciudad Amurallada, 1995; Poemas escritos en el agua, 1997; Juego infinito 1999; Poemas del hombre muerto 2002; La jaula en el pecho, en 2003, en coautoría con el poeta Luis Antonio Chávez, además de Casa prestada 2005, en el que rescata los sufrimientos de los inmigrantes. De Canizález, el poeta Luis Antonio Chávez, expresa: “La poesía de Alex Canizález se caracteriza por su penetración psicológica, en sus versos describe el sentir y pensar del latinoamericano”), Edgar Iván Hernández (Cojutepeque, Cuscatlán, 1965), Mercedes Seeligman (San Vicente)
Todos estos grupos mencionados, al igual que las otras voces publican sus escritos en las páginas del suplemento Cultural 3000 del diario CoLatino, espacio cultural creado por el poeta Gabriel Otero, quien tiene como coordinador a César Ramírez, conocido como Caralva.
Ya casi para culminar el milenio aparecen voces como las de William Alfaro (SS 1973, ha publicado Dejavú y otros libros), Susana Reyes (SS. 1971 ha publicado La historia de los espejos y Los verbos perdidos de la luna); Oswaldo Hernández (Chalatenango 1976, ha publicado Parqueo para sombrillas), Carlos Clará (SS. 1974, ha publicado Montaje invernal); Mauricio Vallejo Márquez, hijo del poeta Mauricio Vallejo, asesinado en la década de los 80; Lya Ayala, Rafael Mendoza (hijo), Tere Andrade, Krisma Mancía (ha publicado La era del llanto); Jorge Galán, (1973, ha publicado El día interminable, entre otros), Róger Guzmán, Nilson Alas (San José Las Flores, Chalatenango, 1966, ha publicado Cuaderno solar) Alberto López (La Libertad 1982); Lea Romero, pertenece al Grupo Literario El Perro Muerto, René Figueroa, quien recientemente obtuvo premio en los Juegos Florales de Ahuachapán (2010), entre otros que escapan en el tintero... pero que ya empiezan a hacer bulla en el tinglado literario salvadoreño.

Una experiencia exquisita
Todo este recorrido poético es muestra de que El Salvador ha sido y sigue siendo un semillero de poetas, desde los que han preferido el verso clásico, los iconoclastas y los que escriben poemas “no comprometidos” para evitarse problemas futuros.
No puedo obviar también los esfuerzos por la divulgación literaria, que en nuestro país ha sido una lucha titánica y hasta quijotesca, de algunos medios impresos que por algún tiempo cedieron espacios (como un favor) como La Prensa Gráfica, con sus Periolibros, revista dominical y otras páginas sabatinas; El Diario de Hoy, con sus páginas sabatinas dirigidas por el Lic. Luis Fuentes, el Diario El Mundo, quien cedió por algún tiempo su espacio a los compañeros de Cinco Negritos, la página Cultural publicada los martes, a cargo de la Dra. Matilde Elena López y el suplemento cultural Astrolabio, editado los sábados y dirigido por el poeta Javier Alas, pero el medio que sí le ha apostado a la literatura a sabiendas de que no lleva fondos a sus arcas es el centenario Co Latino, pues desde las páginas dirigidas por Juan Felipe Torruño, Quino Caso, Sábados Culturales y el Suplemento Cultural 3000 iniciado por el poeta Gabriel Otero, a finales de la década de los 80, no ha dejado un solo sábado de aparecer dicho suplemento, ni aún el día de la ofensiva denominada hasta El tope y más, lanzada por el FMLN.
Pero continuemos con la quijotada y la apuesta alimentada por un sueño, pues sólo el hecho de traer a escritores de fama internacional ya es bastante, hablamos de la labor emprendida por el poeta Otoniel Guevara, con la fundación Metáfora, que realizan cada mes de mayo el evento El turno del ofendido, como un homenaje a Roque Dalton, y cuya actividad tiende a mantenerse, siempre y cuando goce del patrocinio de quienes confían en la divulgación de la palabra.
Guevara, conocedor de los vaivenes de la literatura, le ha apostado a un evento que, además de ser un homenaje a Dalton, uno de los íconos de la poesía nacional, ultimado por sus compañeros de armas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), trae cada año a poetas ya curtidos en ese ambiente.
También está la Fundación Poetas de El Salvador con su actividad anual. Aquí se han dado cita las más laureadas voces del continente americano y europeo, lo cual ha sido como un remanso de luz en esta trajinada vida para quienes nos movemos en este campo, pues confirma que la poesía salvadoreña también ha cruzado estas tierras para colarse en otros lugares.
Y entre esa gran lista de poetas que han llegado a El Salvador, están Juan Rosa Pita (Cuba); Rafael Valero Oltra (España); Alberto Nessi (Suiza); Silvia Favaretto (Italia); David Huerta (México, hijo del poeta Efraín Huerta); Raúl Henao (Colombia); entre otros del primer impulso por dejar huella en la palestra poética nacional, donde comparten pluma los salvadoreños Carlos Clará, Álvaro Darío Lara, Miguel Huezo Mixto, David Escobar Galindo y más.
En el II Festival de poesía, acumulada la experiencia del primer ensayo, llegan al país Saúl Ibargoyen (Uruguay); y con quien compartí mi lectura en la Universidad Don Bosco; a la par de Lauren Mendinueta (Colombia); Víctor Redondo (Argentina); Humberto Mello (Brasil); Adriano Corrales (Costa Rica); y Dina Posada (El Salvador-Guatemala).
Voces nuevas llegaron a deleitarnos con sus versos en cada festival de poesía, nos referimos a Jorge Boccanera (Argentina); Carlos Trujillo (Chile); Marita Troiano (Perú); Yelena Rounova (Rusia); Ledo Ivo (Brasil); Paúl Pines (EE.UU.); Noma Dimic (Serbia); Anna Rossetti (España); Maya Bejerano (Israel); André Cruchaga (El Salvador).
El cuarto, quinto y sexto Festival no fue la excepción. Aterrizamos aquí, ya que justo en octubre de este año se estaría celebrando el VII Festival de poesía, con lo cual se confirma que la quijotada emprendida por los poetas Mario Noel Rodríguez, Federico Hernández Aguilar y la tenista Paulina Aguilar de Hernández, junto a muchos más ven con buenos ojos que aquel esfuerzo no fue en vano, por lo que sólo me resta decirles que sigan adelante y ¡que la poesía nos salve!

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1) Verso traducido por el escritor y académico mexicano Fernando de Alva Ixtlixochitl y aparece en el libro editado por el escritor David Escobar Galindo, titulado El árbol de todos. (Dirección de Publicaciones e Impresos DPI, 1996).
2) Escobar Galindo, David, Índice antológico de la literatura salvadoreña.
3) Escobar Galindo, David, Índice antológico de la literatura salvadoreña.
4) González Huguet, Carmen. Obras completas de Claudia Lars. (DPI, marzo de 1999).
5) Escobar Galindo, David. Biblioteca Básica (14) DPI. 1997.
6) Tomado de la revista Alkimia
7) Castellanos Moya, Horacio. Prólogo al libro La margarita emocionante, Edit. Universit. UES, 1979.
8) Antología literaria de los Nonualcos
9) Castellanos Moya, Horacio. Prólogo al libro La margarita emocionante, Edit. Universitaria. UES, 1979.

* Nota. Algunos apuntes fueron tomados por el autor de otras fuentes, entre ellas el libro Poesía Salvadoreña 1963-1973 editado en México, Antología Literaria de Los Nonualcos y el mismo Suplemento Cultural 3000 de Co Latino. No hay duda de que el mundo de la literatura salvadoreña ha dado más nombres, pero en esta ocasión sólo nos enfocamos al campo de la poesía. Espacio que aprovecho para disculparme si faltaron nombres en el tintero.

* Luis Antonio Chávez, es periodista y escritor salvadoreño.

5.25.2010

Las nostalgias de Renán Alcides Orellana están al pie de la montaña

El libro puede catalogarse como una incursión a la novela de corte costumbrista-histórica, con ciertos aderezos testimoniales





Luis Antonio Chávez

“… el pueblito parecía un alacrán tomando el sol, tendido de este a oeste”, inicia Renán Alcides Orellana la narración de su libro Allá al pie de la montaña.
La lectura me evocó a Pedro Páramo llegando al pueblo de Comala; con la diferencia que el escenario, en esta ocasión, es un pueblo remoto del oriente del país: Villa del Rosario, en Morazán.
Me atrevo a decir que la narrativa de este libro hurga en la simiente de la nostalgia esos recovecos de una vida ya distante y cercana.
Los personajes de este texto no se han ido nunca, están perennes en la imagen viva con sus respectivos epítetos o un ademán diferenciándoles del resto de la población.
Cada episodio descrito en este libro tiene sus kilates de costumbrismo puro, de esa fibra legada fielmente por el escritor Arturo Ambrogi y retomada por Manuel Aguilar Chávez, en su más preciado cuento Se regala tierra.
“Como en los manantiales de aquellos campos que visitaba con mi padre, nuestros ojos humedecían ternuras…”, describe Renán, como evocando ese terruño que lo viera nacer. (Pág. 57)
Orellana busca –a través de la narración lineal- bosquejar la historia, hilvanar en ese laberinto nostálgico cuando escuchó hablar por primera vez –en Ciudad Barrios- al seminarista Óscar Arnulfo Romero.
“… pasados los sufrimientos fuertes y las gestiones posteriores al fallecimiento de mi padre, comencé a pensar en un plan de vida diferente”, dice Renán a sus escasos 20 años.
En Allá al pie de la montaña cada milímetro de nostalgia está muy bien concebido, de tal forma que no escapan las tribus lencas, chortis y pokomames, entre otras, que habitaron la zona oriental del país.

Pininos de poeta
Hijo de padre campesino y una maestra rural, el escritor nos remonta a los golpes de estado que han existido en la comarca salvadoreña; sus ires y venires por cambiar su modus vivendi y aquella incursión en la docencia sin estar preparado para ello.
Si bien la memoria muchas veces nos traiciona, Renán goza de esa lucidez que persigue enlistar en una alforja la historia y plasmarla hasta hacernos partícipes de esas vivencias.
“No era maldad mía. Mi afán de escribir y escribir era una locura… Mis sueños de adolescente cobraban vida. Para mi gran placer. Leer y escribir eran casi un imperativo inevitable. Estaba en mi ajo. En mi centro de querer ser”, acota.
Lo anterior nos lleva a reafirmar que en Allá al pie de la montaña el lector puede otear e imaginarse cómo eran las inquietudes de Renán por querer ser alguien en la vida.
Difícil nos resulta cuantificar cuanto testimonio encierra este libro, lo que sí es preciso señalar es que esta joya literaria nos atrapa de un hilo.
Allá al pie de la montaña podría catalogarse como una incursión a la novela de corte costumbrista-histórica, con ciertos aderezos testimoniales; un arraigo nostálgico de su pueblo natal.
Periodista de profesión, el autor de este libro estudió letras, derecho y periodismno en la Universidad de El Salvador, publicando a la fecha De casi seres humanos (cuento, 1975-2003); Impacto de la realidad nacional (Compilación de editoriales, 1996); Corazón adentro (Poesía, 1999); Línea sin fin (Poesía 2004); Entre ayer y mañana (Poesía, 2006), Lo que pasa cuando el tiempo pasa (Novela 2009, con aderezos de memorias, tradiciones, política, literatura y periodisdmo), además de mucha obra dispersa en periódicos y revistas en Centroamérica, Estados Unidos y Panamá.
Hay algo muy peculiar en esta incursión de novela que hace Renán Alcides Orellana, ya que al autor no se le ha escapado nombres, escritores que le tendieron la mano, sus inicios en el periodismo en Tribuna Libre y después en El Diario de Hoy, así como su incursión en la radio YSU y sus crónicas de guerra, de terremotos en el Valle de las hamacas.
Fechas, nombres, complots, campiña, ciudad, estudios, rebeldía, testimonios, amores, nostalgias, arraigo al terruño... de todo se encuentra en Allá al pie de la montaña, un libro para leerse y empalagarse de vivencias.


Título: Allá al pie de la montaña
Autor: Renán Alcides Orellana
Tema: Novela testimonial
Venta: La Casita, librería de la UCA, Clásicos Roxsil y todo buen establecimiento

Rolando Elías: Aquí y ahora

En el 11 aniversario de su
fallecimiento, 1999-mayo-2010


Alejandro Masís, Renán Alcides Orellana y Rolando Elías, durante conversatorio poético (1984)".

Renán Alcides Orellana

No recuerdo exactamente cuándo lo conocí, pero mi proximidad en el oficio con Rolando Elías se fue acentuando a partir de nuestro encuentro en la redacción de El Diario de Hoy, allá por 1964. Atrás había dejado, casi definitivamente, mi pueblito natal Villa El Rosario, a pesar de ser para mí, por lo mismo, el rincón más querido del norte agreste del departamento de Morazán. Llegaba a la capital con los recuerdos todavía frescos de aquellos contornos queridos, con sabor a molienda, chupa-chupa y flor de coyol. Quería hacer periodismo. Y Rolando, percibiendo mi timidez provinciana, con su proverbial don de gentes, se fue acercando a mis cuartillas como guía joven, más joven biológicamente que yo, pero con más horas de vuelo y mayor trecho recorrido en el duro oficio.
Por mi parte, pronto descubrí que aquel nuevo amigo, además de buen periodista era, fundamentalmente, poeta. El tiempo lo fue confirmando, de igual manera que fue acrecentando nuestra amistad y compañerismo. Peñas literarias, eventos, intercambios y más eran puntos de encuentro obligados para ambos. En alguna ocasión visitamos a Carlos Balaguer, amigo común y compañero de afanes, en su acogedor retiro literario de entonces en los Planes de Renderos, donde hacíamos fluir el verso y la prosa, propios y ajenos, en una jornada dominical que pasaba sin sentirlo. Durante mucho tiempo también, todos los domingos fuimos Alejandro Masís y yo a la casa de Rolando en la colonia Jardín, de Mejicanos, para un conversatorio que tampoco hacía caso al tiempo y, por lo mismo, resultaba pródigo en ideas y producciones literarias.
Rolando Elías fue uno de los grandes compañeros de trabajo en El Diario de Hoy, allá por 1964. Además de sus tareas como redactor de planta, por mucho tiempo mantuvo su columna Aquí y ahora, con enfoques y cuestionamientos al quehacer de la vida nacional, serios y acertados. Después, el duro oficio nos reunió en otros medios de comunicación o mantuvimos estrecha vinculación en el campo creativo, bien haciendo periodismo o bien compartiendo literatura. Por eso, siempre estuve al día sobre la producción de sus obras que, dicho sea de paso, me llegaban de manera oportuna, con dedicatoria especial del autor.
Rolando Elías nació en San Salvador, en 1940. Y, como ya dije, su inquieta vida como escritor y periodista constituye toda una trayectoria, de suyo enriquecedora. Publicó las obras: Crónica de Alemania, 1983; Ritual de la mirada y otros rituales, 1986; Crónicas del terremoto y poemas de amor sobreviviente, 1987; Homenaje a la pintura, 1990; y posteriormente, algunas con carácter póstumo, Homenaje a Fray Luis de León, La cantata de mayo y La celebración de la rosa, estas dos últimas en 1999.
Por todos estos hechos en la vida de Rolando Elías, lo recuerdo y lo veo como él escribía, “aquí y ahora”. Aquí y ahora para recordar que en mala hora, en mayo de 1999, la voz de Rolando se apagó. Físicamente, se apagó para siempre. No para la historia literaria del país. El máximo cantor de la rosa se fue en medio del frío. Ave canora aterida en pleno invierno, desfalleció hasta morir, aunque todos sus compañeros de sueños y afanes nos opusiéramos rotunda y tajantemente a semejante propuesta que nos hiciera el destino. No pudo ser. Por eso, por el hermano poeta que se ha ido, cantamos, cantaremos siempre.

(Del libro ALLA AL PIE DE LA MONTAÑA, Renán Alcides Orellana, San Salvador 2002).

5.17.2010

Con Roque siempre



“En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman”

Roberto Fernández Retamar
A Aída

Antes que a Roque, conocí, sin saber que era de él, su poesía. He escrito a propósito de esto en otras ocasiones, por lo que no pretendo ser aquí original. A lo largo de los más de cincuenta años de vida de la Casa de las Américas, solo en dos ocasiones he integrado el jurado de su premio anual de poesía, y en ambas, obras de Roque fueron distinguidas. Una, fue en enero de 1962, cuando los libros se presentaban con seudónimos, de modo que al encontrarme, deslumbrado, con los versos de El turno del ofendido, ignoraba quién sería su autor. Tal libro, a petición mía, obtuvo mención en el concurso, y la Casa lo publicó en bella edición.
Siete años más tarde, en 1969, volví a formar parte del jurado, y en esa oportunidad el premio fue para el libro de Roque Taberna y otros lugares, un título imprescindible en la poesía del siglo XX.
Para entonces, a diferencia de la vez anterior, yo ya sabía bien quién era Roque, y me unía a él una amistad fraternal. Poco después de leer El turno del ofendido, me fue dable encontrarme con su autor, quien había viajado de México a Cuba para participar en una reunión política. Nos conocimos en una librería habanera, y nos hicimos desde el primer momento viejos amigos. Sobre él escribí y publiqué en la revista Casa el poema «Carta a Roque Dalton». En mi cuarto de trabajo tengo una foto suya que me dio con esta dedicatoria: «Para mi querido hermano Roberto Fernández Retamar, esta foto en pose de abnegación. Roque. 1963».
Nos unían ideales literarios, personales, políticos (muy fuertes en él), si cabe hacer estos distingos. En 1962, a sus veintisiete años, ya Roque era uno de los poetas más destacados de aquel tiempo americano. Y vista su tarea en conjunto, creo poder decir que es el poeta más representativo de nuestra generación, a la cual José Emilio Pacheco sugirió que se la llamara «del 59» por razones obvias, y que cuenta con grandes voces y grandes muertos. Mario Benedetti, a propósito de estos últimos, compiló la antología Poesía trunca, editada por la Casa de las Américas, donde Roque ocupa lugar primordial.
En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman. Me enorgullece que así sea, y me congratula, por ejemplo, que atendiendo a solicitud que le hice para una entrega de la revistaCasa dedicada al centenario de Lenin, Roque me diera unos poemas que crecerían hasta ser Un libro rojo para Lenin.
Por otra parte, como se sabe de sobra, su extraordinaria faena en verso es solo una parte de su extraordinaria faena literaria. Pero en estas líneas no pretendo hacer un balance de su obra ni de su excepcional vida, sino evocar su presencia entre nosotros.
Esa presencia llegó a ser familiar. Recuerdo, por ejemplo, la noche en que Roque llegó a casa con Aída y sus tres hijos para la cena de Navidad. O cuando Roque nos visitaba con flores porque estaba enamorando a mi hija más pequeña, entonces de dos años, quien tiempo después me dijo que ella había creído de veras que Roque era su novio. Adelaida conserva un libro de Roque dedicado «A mi suegra». Algunos años más tardes, uno de los hijos de Roque tuvo pretensiones acaso menos candorosas a propósito de una de mis hijas.
Mis relaciones intelectuales con Roque se hicieron más fuertes cuando lo invité a formar parte del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas. Evoco ahora en particular una noche de enero de 1967 en que los miembros de dicho comité tuvimos una cena con Fidel que se prolongó hasta el amanecer, ocasión en que Fidel y Roque se enzarzaron en observaciones sobre el uso de cierta arma.
Sin duda la Casa fue la institución cubana a la cual Roque estuvo más vinculado. Además de los ya nombrados, la Casa publicó varios de sus libros. Pero Roque desbordó la Casa. Ejerció influencia en varios de los jóvenes poetas nucleados en torno al primer Caimán Barbudo; publicó en las revistas Unión, Pensamiento Crítico y Tricontinental; y, desde luego, se entrenó en Cuba para las tareas revolucionarias que se propuso. Su identificación con nuestro país fue tal, que en una glosa relampagueante de un verso de Martí pudo escribir: «Dos patrias tengo yo: Cuba y la mía».
Como corresponde a las verdaderas grandes amistades, la nuestra sobrevivió a las discusiones. Tuvimos una en 1970, y al día siguiente, 20 de julio, Roque me hizo llegar la siguiente carta:
Estimado Roberto: Por este medio te reitero mi decisión en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa. Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las más importantes de América Latina y de la Revolución Latinoamericana. Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro. Con el mismo abrazo: Roque».
Meses después se disolvió el mentado comité (que Roque llamó consejo) de colaboración, y Roque volvió a publicar en la revista Casa. Pero quiero llamar especialmente la atención sobre su «deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro». Porque la realidad iba a darme una terrible ocasión de verificar esas palabras, de hablar a nombre de él.
Hace ahora treinta y cinco años, comenzó a circular, en forma vaga, la noticia de su muerte. Fui corriendo a la imprenta y escribí, al final de la entrega 91 de la revista, con el título «Compañero Roque Dalton», estas líneas:
«Al comenzar a imprimirse este número de Casa de las Américas, distintas agencias de prensa están trasmitiendo la noticia de la muerte en su patria, en condiciones todavía no aclaradas, de nuestro querido compañero Roque Dalton. Confiamos en que esta noticia sea falsa, y nos sea dable seguir contando por mucho tiempo con su magnífica presencia creadora. Pero si fuera cierta, el haber conocido íntimamente y durante largos años a Roque Dalton, autor de una obra brillante, combativa y hermosa, nos permite asegurar que hasta el final tiene que haber sido fiel a su vida: una vida al servicio de la Revolución, al servicio de los pueblos de nuestra América, que él defendió y expresó sin cansancio».
Por desgracia, la espantosa noticia resultó cierta, y en el número 92 de la revista Casa, con fecha de agosto de aquel año y la firma de la institución, escribí «Sobre nuestro compañero Roque Dalton» estas palabras:
Cuando hace algunos meses comenzó a circular la especie de la muerte de nuestro querido compañero y amigo Roque Dalton, nos negábamos a dar crédito a una noticia que tenía todas las trazas de las groseras calumnias que el enemigo no se cansa ni se cansará de urdir […] Confiábamos que Roque estaba vivo, y desmentiría de un momento a otro esa falsa noticia. Desgraciadamente, a estas alturas no nos es dable ya mantener esa esperanza, y estamos en la obligación de hablar por él, y rechazar en todos sus puntos, con la autoridad que nos da el haberlo conocido íntimamente durante los muchos años que estuviera vinculado a nuestra institución, las infames acusaciones que sus asesinos le lanzaran. Según lo que sabemos, el 10 de mayo último Roque Dalton fue cobardemente ultimado por una minúscula fracción de la organización revolucionaria salvadoreña en que militaba, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): fracción que previamente había sido acusada por la dirección del movimiento de desviación militarista y de extremismo pequeñoburgués. El asesinato de Roque Dalton y de otro compañero ratifica dramáticamente lo correcto de ese planteo. Roque Dalton ha muerto como vivió, fiel a su patria, a la Revolución latinoamericana, al marxismo-leninismo. Precisamente esta fidelidad es lo que no pudieron perdonarle quienes, inficionados con los gravísimos errores de un seudoizquierdismo antisoviético, anticubano, antirrevolucionario, han prestado al enemigo un servicio impagable. La historia los considerará como simples criminales que pretendieron aniquilar, en la persona de un luchador incansable, una limpia y abnegada postura; y conservará el nombre de nuestro querido compañero Roque Dalton, revolucionario consecuente, intelectual brillante y combativo, hombre generoso y cordial, amigo inolvidable, entre los nombres de los héroes, mártires y creadores de nuestra América.
El asesinato de Roque y la monstruosa acusación que sus asesinos le hicieran provocaron honda conmoción. En el número 94 de la revista Casa le dedicamos un homenaje con el título «Para Roque: el turno del ofendido». En su introducción, se leía de él que
fue —y seguirá siendo— nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro hermano. En la Casa de las Américas trabajó, publicó, discutió, enriqueció. Compartimos con él buena parte de su vida, la vida de un revolucionario infatigable, un intelectual creador, un hombre útil que provocaba cariño, admiración y alegría. […] Un grupo de amigos, compañeros y admiradores le dedican hoy aquí estas palabras. Muchas más le dedicaremos. Pero sobre todo estamos seguros de que su pueblo esgrimirá su nombre como bandera de combate, y hará que su utilidad, como corresponde a todo revolucionario verdadero, llegue más allá de su muerte. Descansarás en la lucha, hermano Roque. Estarás presente, con una sonrisa, en la victoria.
El homenaje incluyó textos, entre otros, de Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Régis Debray, Manuel Galich, Carlos María Gutiérrez, Efraín Huerta, Margaret Randall, René Depestre, Roberto Armijo y yo.
En este mayo de 2010 Roque hubiera cumplido setenta y cinco años. Para conmemorarlo, publicaremos el volumen Materiales de/sobre Roque Dalton en la revista «Casa de las Américas», con prólogo de Aurelio Alonso, quien también fue su amigo y compañero. Y, sobre todo, tenemos y tendremos siempre presente a Roque.

La Habana, 4 de mayo de 2010

Roberto Fernández Retamar

5.12.2010

Jonás: "Yo no maté a Roque Dalton"

Los hijos del poeta asesinado insisten en que Jorge Meléndez participó en la muerte de su padre y piden al gobierno que lo destituya

Carmen Rodríguez

Jorge Meléndez, conocido durante la guerra como Jonás, negó tajantemente haber matado a Roque Dalton, tal como lo señalan los parientes del poeta asesinado el 10 de mayo de 1975.
Según Meléndez, quien se desempeña como director de Protección Civil, en su momento dirá su verdad porque tiene derecho a decirla, pero de antemano señaló “yo no maté a Dalton". Se abstuvo de decir si participó en la planeación o decisión del homicidio.
“Estoy acostumbrado a que los medios de comunicación tergiversen lo que digo, yo nunca he dicho que maté a Dalton”, añadió.
En una entrevista para LA PÁGINA, Meléndez aseguró que él era parte de la historia y que las acusaciones en su contra eran para hacerle daño.
A juicio de Jonas los hijos de Roque Dalton guardan un resentimiento comprensible, pero se equivocan al acusarlo a él de haber participad en ese hecho.
Añadió que su cargo está a disposición del Presidente de la República, Mauricio Funes, quien deberá decidir si lo remueve lo sigue manteniendo.
Lo anterior debido a que Juan José Dalton, uno de los hijos del poeta, consideró antiético para el actual gobierno mantener a un “asesino” dentro de su gabinete de gobierno.
Dalton señalo que ya habían platicado con Funes para pedirle que no nombrara a Meléndez en ningún cargo oficial.
El descendiente del poeta señaló en una entrevista para LA PÁGINA, que el problema es que a los impunes no les gusta que les digan asesinos.
Dalton hijo basa sus señalamientos en contra de Meléndez en testimonios que habría dado Joaquín Villalobos, quien al reconocer que la muerte de poeta fue un error de juventud, pidió perdón por el crimen.